Aunque ya hace casi once años que no estás, sé que sabes que pienso en ti todos los días, y que vivo mi vida para que tú, desde donde sea que me estés viendo, puedas estar orgulloso de mí...
Tenía sólo diez años cuando te fuiste, pero todavía me acuerdo de lo mucho que me enseñaste, y lo pongo en práctica cada día, y aunque te tengo presente siempre, me gustaría soñar más contigo, ya sabes a que me refiero, a uno de esos sueños que cuando me levanto, ha sido tan real que sé que has tenido algo que ver, que sé que de alguna manera, no ha sido sólo un sueño...
El año que viene me gradúo, aunque para acabar en Inglaterra me queda un año más. Así que en parte también te escribo para darte las gracias por convertirme en una mujer de provecho, por darme fuerzas para seguir cuando pienso que no me quedan, por estar ahí, aunque no estés, por todo lo que me enseñaste, porque gracias a tí soy una luchadora, y me levanto... si me caigo, me levanto; si me tiran, me levanto, me levanto siempre, porque tú me enseñaste.
También quería decirte que cuando era pequeña, me daba miedo que al cabo del tiempo no fuera capaz de cerrar los ojos y verte, o de acordarme de tu voz, de tu risa... pero hoy puedo decir que todavía te veo y te oigo como si hubiera sido ayer la última vez que te miré, te oí, o te hice reír...
No tengo mucho más que contarte, desde luego nada que no te haya contado ya, ni que tu no sepas...Sólo que estoy deseando quedarme dormida y poder halar contigo de nuevo, tomarnos una cervecita y furmarnos un cigarro a escondidas de mamá y todo eso que nunca pudimos hacer, un beso muy fuerte
te quiere, tu hija.


