
Llueve. Me encanta el olor a lluvia, y mojarme con millones de gotas minúsculas que caen del cielo. Me pregunto hasta cuando durará el olor a tierra mojada que inunda las calles de Madrid, espero que unos días...
Suspiro. El concepto idealista y romántico de los días de lluvia me hace reflexionar sobre mi vida, pero paro por temor a que de repente me den ganas de saltar por la ventana. Sí, es así de deprimente.
Reflexión. Tentada por el repiqueteo de las gotas en mi ventana, barajo la posibilidad de pasear con Yankee, pero la descarto inmediatamente. Que yo esté enamorada de los días de lluvia no me da derecho a pasear a mi perro blanco por una calle mojada, se lo debo a él y a mi misma, que soy quien lo baño...
Ruido. Una bocina interrumpe mis reflexiones, uno de los contras de vivir en una calle muy transitada. Pero qué le vamos a hacer? así es la vida... Así, por lo menos, es mi vida...

